ESCRIBIR EN EL AIRE ANTONIO CORNEJO POLAR PDF

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Author:Vukree Grojin
Country:Spain
Language:English (Spanish)
Genre:Literature
Published (Last):17 December 2006
Pages:439
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ISBN:274-1-62354-322-8
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Sola escribir corJ. American Studies St. La del cambio, va la revolucin que estaba ah, "a la vuelta de la esquina", en esa esplndida e ilusa dcada de los 60, ahora fuente de wnta nostalgia y de uno que otro cinismo, cuando la imaginacin y las plllzas parecan ser nuestras y nuestros el poder, la voz y la capacidad de inventar el amor y la solidaridad de! Es el tiem- po de la "nueva narrativa", de la poesa conversacional, del teatro de creacin colectiva, pero tambin de los himnos callejeros y los graf- fiti que pintaban de esperanza todas nuestras ciudades.

En el cam- po de la critica, fue el momento de la acelerada y algo catica mo- dernizacin de su arsenal terico-metodolgico. La de la identidad, nacional o latinoamericana, en la que nos recogimos una vez ms, ahora un poco defensivamente, como en el seno de una obsesin primordial, tal vez para explicar la tardanza y el desvanecimiento de tantas ilusiones, pero sobre todo para reafir- mar, desdichadamente ms con metafsica que con historia, la pecu- liaridad diferencial de nuestro ser y conciencia y la fraternal unidad de los pueblos al sur de Ro Bravo.

Por entonces se puso nfasis en la valoracin del realismo mgico y del testimonio que, aunque por contrastadas vas, mostraban la consistencia y la incisividad de lo propio de nuestra Amrica.

A la vez -en el plano de la crtica- se produca el gran debate sobre la pertinencia de construir una teora especficamente adecuada a la ndole de la literatura latinoame- ricana2. Por esos aos el marco referencial casi obligado era el de las versiones ms duras, y tal vez menos perspicaces, de la teora de la dependencia. La de la reivindicacin de la heterclita pluralidad que de- finira a la sociedad y cultura nuestras, aislando regiones y estratos y poniendo nfasis en las abisales diferencias que separan y con- traponen, hasta con beligerancia, a los varios universos socio-cultu- rales, y en los muchos ritmos histricos, que coexisten y se solapan inclusive dentro de los espacios nacionales.

Fue -es- el momento de la revalorizacin de las literaturas tnicas y otras marginales y del afinamiento de categoras crticas que intentan dar razn de ese enredado corpus: "literatura transcultural" Rama 3, "literatura otran Bendez 4, "literatura diglsica" Balln 5, "literatura alter- 2 El libro bsico es sin duda el de Roberto Fcmndez Retamar, Para utla toorla.

La Habana: Casa de las Amricas, Del debate suscitado en tomo a l es un buen indicio la en- cuesta publicada por Texto Critica, , 6, Veracruz, Carina Blixen [y] Alvaro Barros-Lme7. Tengo para m que fue un proceso tan imprevisible como inevitable, especialmente porque mientras ms penetrbamos en el examen de nuestra identidad tanto ms se hacan evidentes las disparidades e inclusive las con- tradicciones de las imgenes y de las realidades -aluvionales y des- galgadas- que identificamos como Amrica Latina.

Ciertamente ese proceso vena de lejos: as, en las primeras dcadas de este siglo, la historiografa latinoamericana ejecut la compleja operacin de "nacionalizar" la tradicin literaria prehispnica, como en el XIX se hizo con la colonia, pero la armadura positivista de ese pensa- miento que interpreta los procesos como umlimales, per- Enrique Bailn [y Rodolfo Cerrn eds.

Ver en este mismo artculo hul referencias bibliogrficas a otros estudios del misn1o autor. Algunos estudios posteriores aparecen citados en el libro. Comentarios y otras referencias bibliogrficas aparecen en el artculo sobre la crtica en el Per citildo en la nota l.

Estrategias pam ent. El concepto "sociedad abigarrada" fue empleado por Zavaleta a lo lar- go de su trabajo intelectual, pero es tal vez en este libro pslumo donde ad- quiere mayor consistencia y efectividad.

Slo mucho despus la inslita articulacin de los aportes de la filologa amerindia con los de la antropologa puso en evi- dencia la importancia de las literaturas nativas coloniales y mo- dernas y la consiguiente necesidad de incluirlas como parte de todo el proceso histrico de la literatura latinoamericana -y no slo en su primer tramol4.

Es claro que de esta manera variaba decisivamente el corpus de nuestra-literatura, ofreciendo adems ocasin para que otras literaturas marginadas ingresaran en l, y se generaban con- diciones propicias para intentar una reformulacin incisiva.

He querido hacer este recuento para subrayar que el actual de- bate sobre la proliferante dispersin de nuestra literatura y de la ndole rspida de su constitucin, como que es hechura de desen- cuentros, quiebras y contradicciones, pero tambin de soterradas y azarosas intercomunicaciones, es consecuencia del progresivo y or- gnico ejercicio del pensamiento critico latinoamericano y de su flui- da relacin con la literatura que le es propia.

Varios hemos senalado que si bien el gran proyecto epistemolgico de los 70 fracas, pues es obvio que de hecho no existe la tan anhelada "teora literaria latinoamericana", en cambio, bajo su impulso, la critica y la historio- grafa encontraron formas ms productivas -y ms audaces- de dar razn de una literatura especialmente escurridiza por su condicin multi y transculturaJ.

No cabe desapercibir, sin embargo, que en un determinado mo- mento la muy densa reflexin latinoamericana sobre la poliforme pluralidad de su literatura se cruz, y en varios puntos decisivos, con la difusin de categoras propias de la critica postestructuralista o --n general- del pensamiento postmoderno. Temas definidamente post, como los de la critica del sujeto, el replanteamiento escptico sobre el orden y el sentido de la representacin, In celebracin de la espesa heterogeneidad del discurso o el radical descreimiento del valor y la legitimidad de los cnones, parn mencionar slo asuntos obvios, se encabalgan inevitablemente con la agenda que ya tena- mos entre manos.

Esta hibridacin no deja de ser curiosa -y habra que trabajarla, en otra ocasin, con puntual esmero; primero, por- que es sintomtica la frecuencia con que los postmodernos metropo- lit.. Tambin es desdichado el esfuerzo por leer toda nuestra literatura, y siempre bajo el paradjico canon cr- tico de una crtica que no cree en los cnonesl5. En todo caso, sea de esto lo que fuere, me interesa ahora retomar el tema de la desestabilizadora variedad e hibridez de la literatura latinoamericana.

Inicialmente, para dar razn de ella, se ensayaron alternativas macro-comprehensivas: asi, por ejemplo, se lrat de des- lindar los grandes sistemas literarios, el "culto", el "indgena", el "po- pular"16, para sealar slo los de ms bulto, advirtiendo al mismo tiempo sus estratificaciones interiores, con nimo de construir una imagen de nuestra literatura como hervidero de sistemas algo borro- sos -tarea harto difcil, aunque en curso.

Tal vez por esto se prefiri auscultar la diversidad multiforme dentro del primero, el "ilustrado". Pcn;pcctivas del ane narrativo latinoamericano" y de George Ydice, hablarse de postmodernidad en Amrica L. Tambin es de interGs incluso por sus desnivele!! Aires: CC"! Bibliografin comentadu", de Critica U. Ciertamente la perspectiva analtica, que separa lo distinto para no reincidir en globalizaciones tan abstractas como hechizas, no in- valida, sino ms bien urge, el estudio de la red de relaciones que se teje entre esa diversidad a ratos agobiante.

De hecho, es lo que rea- liza esplndidamente Rama bajo el magisterio de la antropologa de Ortiz, que renueva, profundiza y vuelca hacia la literatura; lo que intent hacer al observar el funcionamiento de los procesos de pro- duccin de literaturas en las que se cruzan dos o ms universos so- cio-culturales, desde las crnicas hasta el testimonio, pasando por la gauchesca, el indigenismo, el ncgrismo, la novela del nordeste brasi- leo, la narrativa del realismo mgico o la poesa conversacional, literaturas a las que llam "heterogneas"; o lo que propone Lien- bard bajo la denominacin de "literaturas altemativas" -en las que, por debajo de su textura "occidental", subyacen formas de conciencia y voces nativas.

Las tres vertientes nutren el reciente y muy ilus- trativo aporte -sobre la ficcin y el efecto de oralidad en la literatura transcultural- de Carlos Pachecol9. Ahora bien: es posible conducir el anlisis de estas literaturas hacia dimensiones y funciones ms puntuales? Es lo que pretendo hacer en este libro en relacin especfica con las literaturas andinas -pero con la confianza de que algunas de sus propuestas puedan tener un campo de aplicacin ms vasto. Como lo indica el subttulo, insisto en el concepto de heterogeneidad, en el que vengo trabajan- do desde la segunda mitad de la dcada de los Entend ms tarde que la heterogeneidad se infiltraba en la configuracin interna de cada una de esas instancias, hacindolas dispersas, quebradizas, inestables, contradictorias y heterclitas dentro de sus propios lmi- tes.

Trat a la vez de historizar con el mayor nfasis posible lo que al principio no era -y tal vez sta fue su paradoja ms fruct. Norte, En todos los casos me interesaba y me interesa la ndole excepcionalmente compleja de una literatura entendida en su sentido ms amplio que funciona en los bordes de sistemas culturales disonantes, a ve- ces incompatibles entre s, tal como se produce, de manera dram- ticamente evidente, en el rea andina.

Puesto que obviamente el horizonte que trata de examinar este libro es vasto y complejo, de verdad inabarcable, he dado preferencia a tres ncleos problem- ticos: discurso, sujeto y representacin, que por cierto estn honda y mutuamente imbricados y se articulan, a la fuerza, con otros que tanto se instalan en la sociedad misma cuanto en diversas dimen- siones discursivo-simblicas.

En cuanto al discurso, he querido auscultar desde la decisoria escisin y el rudo conflicto -porque compromete a su materia mis- ma- entre la voz de las culturas grafas andinas y la letra de la institucin literaria de origen occidental, con su abigarrada e inesta- ble gama de posiciones intermedias, hasta la transcripcin de la pa- labra hablada en el testimonio o la construccin del efecto de ora- lidad en el discurso literario, pasando, como era inevitable, por el anlisis de ciertas formas del bilingismo y la diglosia.

Conio a nadie escapa, la construccin de estos discursos, que por igual delatan su ubicacin en mundos opuestos como la existencia de azarosas zonas de alianzas, contactos y contaminaciones, puede ser sometida a enunciaciones monologantes, que intentan englobar esa perturba- dora variedad dentro de una voz autorial cerrada y poderosa, pero tambin puede fragmentar la diccin y generar un dialogismo tan exacerbado que deja atrs, aunque la realice, Ja polifona bajtiniana y toda suerte de impredecibles y volubles intertextualidades.

En ms de una ocasin creo haber podido leer los textos como espacios lingsticos en los que se complementan, solapan, intersectan o con- tienden discursos de muy varia procedencia, cada cual en busca de una hegemona semntica que pocas veces se alcanza de manera definitiva. Ciertamente el examen de estos discursos de filiacin so- cio-cultural dismil conduce a ht comprobacin de que en ellos ac- tan tiempos tambin variados; o si se quiere, que son histricamen- te densos por ser portadores de tiempos y ritmos sociales que se hunden verticalmente en su propia constitucin, resonando en y con voces que pueden estar separadas entre s por siglos de distancia.

El mito prehispnico, el sermonario de la evangelizacin colonial o las ms audaces propuestas de modernizacin, para anotar slo tres ca- sos, pueden coexistir en un solo discurso y conferirle un espesor histrico sin duda turbador. De esta manera la sincrona del texto, como experiencia semntica que tericamente parece bloquearse en un solo tiempo, resulta siquiera en parte engaosa. Mi apuesta es que se puede y a veces se debe historiar la sincrona, por ms aporstico que semeje ser este enunciado.

Obviamente esto no con- tradice, sino enriquece, la opcin tradicional de hacer la historia de 12 m tl aire la literatura como secuencia de experiencias artsticas, aunque -vis- ta la configuracin plural de la literatura latinoamericana- tal al- ternativa no puede imaginar un solo curso histrico totalizador sino, ms bien, le es necesario trabajar sobre secuencias que, pese a su coetaneidad, corresponden a ritmos histricos diversos.

De otro lado, si del sujeto se trata, es claro que la experiencia y el concepto modernos del sujeto son indesligables de la imaginacin y el pensamiento romnticos, especialmente enfticos, sobre este pun- to, en materias artsticas y literarias y en sus respectivos correlatos terico-crticos. Un yo exaltado y hasta mudable, pero suficiente- mente firme y coherente como para poder regresar siempre sobre s mismo: el "desborde de los sentimientos" jams deja exhausta la fuente interior de la que surge, de la misma manera en que, por ejemplo, el casi obsesivo tpico del viaje, en el tiempo o en el espacio, jams pone en cuestin la opcin del regreso al punto originario la subjetividad exacerbada de ese desplazamiento Querrmoslo o no, el romanticismo se convirti, en sta y otras materias, en algo as como en el sentido comn de la modernidad, por lo que no es nada casual que Benjamin, que nunca pudo dejar de auscultar con pasin el sentido o el sinsentido de lo moderno, dedicara su tesis doctoral al romanticismo temprano y a la construccin dentro de l de la ima gen del sujeto autoreflexivo y en ms de un sentido autnomo Por esto, cuando se comienza a discutir la identidad del sujeto y la turbadora posibilidad de que sea un espacio lleno de contradicciones internas, y ms relacional que autosuficiente, lo que se pone en de bate, o al menos el marco dentro del cual se reflexiona, no es otro que la imagen romntica del yo.

Me interesa aadir que en lo que toca a la identidad de los sujetos sociales, las fonnulaciones romnti- cas sobre el "espritu del pueblo", u otras similares, no fueron des plazadas por el concepto marxista de clase social; y no lo fueron porque, pese a que esa no es exactamente la idea que proviene de tal fuente. De alguna manera la categora de clase social, en la interpretacin simplificadora que acabo de resumir, tiene la misma funcin que la idea romntica del yo en el debate moderno sobre las identidades sociales.

No es en modo alguno irrelevante que en la iconografa y los rituales militantes el proletariado se identificara con la compacta imagen del puo cerrado y en al lo. En mi investiga- cin lo que he encontrado con frecuencia es precisamente lo con- trario: un sujeto complejo, disperso, mltiple. A este respecto creo imposible no mencionar que en Amrica Latina el debate acerca del sujeto, y de su identidad, tiene un origen 20 Remito a M.

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